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CURSOS CASTELLANO
NIVEL 1

Me llamo Binta. Tengo 29 años y soy de Guinea. Vivo en Soria desde hace diez meses, en el barrio de Calaverón. Mi español mejora cada semana porque voy a clases y practico con mis vecinos. Ahora quiero encontrar trabajo.

El lunes pasado, cuando volvía a casa de la compra, vi un cartel en la puerta de una cafetería de la Calle Santa Clara. El cartel decía: "Se necesita camarera. Jornada de mañanas, de siete a dos. Llamar al 975 234 567. Preguntar por Elena."

Esa noche, en casa, practiqué lo que iba a decir por teléfono. Mi compañera de piso Pilar me ayudó. Me dijo: "Primero di tu nombre. Luego di para qué llamas. Habla despacio y con claridad. Si no entiendes algo, pide que lo repitan." Lo practicamos tres veces hasta que me salió bien.

Al día siguiente, a las diez de la mañana, llamé. Contestó una mujer. Le dije: "Buenos días, me llamo Binta. Llamo por el cartel de camarera. ¿Sigue libre el puesto?" La mujer me dijo que sí. Me preguntó si tenía experiencia. Le expliqué que había trabajado un año en un bar en Conakry. También le dije que tenía permiso de trabajo y el NIE. Ella me respondió: "Muy bien. ¿Puede venir el miércoles a las nueve? Traiga su currículum." Dije que sí.

El miércoles me levanté a las siete y media. Desayuné despacio para no tener prisa y revisé el currículum una vez más. Me puse ropa limpia y arreglada: unos pantalones oscuros y una camisa blanca. Llegué a la cafetería cinco minutos antes. Esperé en la puerta. Estaba nerviosa, pero respiré hondo.

La dueña se llamaba Elena. Tenía unos cuarenta años y fue muy amable. Me invitó a sentarme en una mesa del fondo. La entrevista duró unos veinte minutos. Me preguntó: "¿Por qué quieres trabajar aquí?" Le dije que vivía cerca, que me gustaba el trato con el público y que quería aprender. Luego me preguntó si podía trabajar los sábados. Le dije que sí. Me preguntó si sabía usar una caja registradora. Le dije que no, pero que aprendía rápido. "¿Eres puntual?" me preguntó. "Siempre", le respondí. Al final me preguntó cuándo podía empezar. Le dije que el lunes siguiente.

Al salir, llamé a Pilar para contárselo. Ella me preguntó: "¿Cómo te ha ido?" Yo le dije: "No sé si me cogen. Pero he hablado bien y no he tenido miedo. Para mí, eso ya es mucho."

Dos días después, Elena me llamó. Tengo trabajo. Empiezo el lunes.

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