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CURSOS CASTELLANO
NIVEL 1

Me llamo Aminata. Tengo 30 años, soy de Senegal y llevo tres años en Soria. Trabajo en la construcción desde hace seis meses. Soy una de las pocas mujeres en mi empresa, pero eso ya no me preocupa. Al principio me miraban un poco raro, pero ahora somos un equipo y nadie piensa en eso.
Cuando llegué a Soria, no hablaba nada de español. No entendía nada: ni el autobús, ni el supermercado, ni los papeles. Me sentía muy sola. Un día, una vecina me habló de Itaka-Escolapios y del programa Ojalá. Fui, me apunté, y empecé a aprender. Las primeras semanas fueron difíciles, pero poco a poco las palabras empezaron a tener sentido. El español me cambió la vida.
Fue el español lo que me abrió todas las puertas. Primero el curso de construcción, porque las clases eran en español y había que entender las instrucciones de seguridad. Luego la entrevista de trabajo, porque tenía que hablar con el encargado y explicar mis conocimientos. Y ahora, cada día en la obra, porque hay que leer los planos, comunicarte con el equipo y entender lo que dice Javier.
Mi jornada empieza a las ocho. Me pongo el casco, el chaleco reflectante, las botas de seguridad y los guantes. Trabajo en la zona de estructura: coloco ladrillos con la paleta, mezclo cemento con arena en el cubo y uso la llana para alisar. También ayudo a retirar los escombros al final del día y a limpiar las herramientas. Al principio no sabía ni coger bien la paleta. Ahora lo hago sin pensar.
Lo más importante que he aprendido en la obra es que hay que medir siempre antes de actuar. En construcción, un error de medida puede arruinar horas de trabajo. Hay que usar la cinta métrica, hay que nivelar, hay que comprobar que todo está recto. El encargado Javier lo repite cada mañana: mide dos veces, coloca una. Al principio no entendía bien ese dicho. Ahora lo entiendo perfectamente.
Hace tres años llegué a Soria sin saber una sola palabra de español y sin conocer a nadie. Hoy tengo trabajo, tengo compañeros, puedo comunicarme y puedo ayudar a otras personas que llegan nuevas. No ha sido fácil. Pero cada ladrillo que coloco y cada pared que levanto me recuerdan que soy capaz. Y eso, nadie me lo puede quitar.